Ya perdí la única N que tenía

Escribía sobre el hielo que forjaste en el verano.
Sobre el silencio que instalaras otrora buscando disfrazarlo de desencuentro.
Y cayó, lo perdí, el suelo lo absorbió y ya no lo tengo.
Quizás ya no pueda tomarlo entre mis manos jamás.
Quizás ya no pueda nombrarlo.
O será que ya es hora de escribir con marcador.

 

 

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givré

quisiera estar escribiéndote desde la absoluta certeza de que me lees

escribiendo desde el placer que me provocara hacerlo

desde las ganas de robar tu atención unos minutos

robar un pensamiento, ni siquiera un suspiro

un pensamiento, un instante, un recuerdo

Recuerdo abrazarme a tu cuerpo bañada espuma y givré

recuerdo el calor sofocante aliviado con aguas y risas

recuerdo correr y verte en el trayecto

recuerdo correr y bailar con vos

y bailarnos cómplices y risueños

y reirnos a sabiendas de las otras presencias

y sufrirte a sabiendas de las otras presencias

y saber que no había certeza en tu mirada ni en la mía.

quisiera estar escribiéndote desde la absoluta certeza de que me lees

 

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mistura

llueve
suena una voz en portugués
me lleva a tus manos
a tus dedos en continuo movimiento de búsqueda
errático. diverso. fluctuante.
sonoro y rítmico.
brisa fresca en mis hombros
caídos, tensos, obligados.
brisa tenue
suelta el tiempo
Puedo ver en tus ojos
El recuerdo de otras, todas, enumerarlas
No me importa, casi lo disfruto
Se verte deshecho en el placer de un cuerpo
Que lleva otros cuerpos
Que proyectas en otros cuerpos
En el que buscas otros cuerpos
Somos un mix de personas
Una orgía entre dos
La fuerza sobrenatural se sabernos uno
Las necesidad de no vernos mas
las ganas enfermas de encontrarnos
Suena una voz en portugués
Me lleva a tus manos
A tus dedos en contínuo movimiento de búsqueda

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aquel

Reza la canción: aquel mensaje que no debió haber leído, aquel botón que no debió haber pulsado, aquel consejo torpemente desoído, aquel espacio era un espacio privado.

No quería saber que nunca hubo interés real…

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alvoradas

Llevaba meses sumida en una gélida y profunda sensación de incomodidad que arrancaba de su carne la intención y el deseo. Despertaba silenciosa y caminaba el trayecto de su cuarto a la cocina sin despegar los pies del suelo, repleto de los tibios y morbosos recuerdos de historias vividas. Cada uno de ellos parecía aferrarse a sus pies sin permitirle andar con normalidad. O acaso su normalidad fuera aferrarse a ellos con la tenue esperanza de que cobraran vida, se hicieran cuerpo y la amaran súbitamente hasta deshacerse en una exhalación. Eso jamás ocurría. Sola, sentada en un espacio que la llevaba a otro tiempo, se sumergía una y otra vez en las palabras que le habían abierto el pecho sin opción ni reparo. Casi podía palparlas, hacerlas forma, moverlas en el aire viciado por el humo del tercer pucho que prendía en la mañana.
Buscaba el libro que habían dejado marcado para terminar de leer juntos. Lo miraba, perdida, expectante, como quien sabe que algo va a ocurrir sin poder explicar qué, ni cómo, ni cuándo. No podía avanzar una línea sin imaginar su voz, que todo lo había llenado, leyéndole mientras enredaba sus dedos en la larga cabellera que ahora lucía con desgano. Cerraba las páginas. No podía soportar su ausencia. Bajaba la escalera y se internaba en la absurda rutina que había iniciado al perderlo. Cada mañana era igual.

Sin embargo, a veces, intentaba algo nuevo. Aferrada, aun, a un recuerdo que se desvanecía, buscaba dejarse amar por un loco que destilaba ansias de sonrisas compartidas. Miraba sus dedos, que eran distintos, y permitía que trataran de enredarse en su pelo de la misma forma que otrora ocurría. Jugaba a perderse entre su nariz y sus hombros, tan diferentes a aquellos en los que quería encontrarse, con al esperanza, quizás, de que todo fuera un sueño del que abriera los ojos para verlo despertar en su abrigo. Ausente, se mezclaba con otro sudor que sólo quería robarle sonrisas y sentirla deshacerse en el impulso enrojecido del encuentro de los cuerpos. Nadaba en un lecho prestado, sintiendo que se entregaba a un placer que no le pertenecía, vibrando en la culpa de pensarse vacía al verse en los ojos de un hombre que quería regalarle la emoción del mundo, sin poder tomar ese presente. Perdida en el sentido que ya no compartía. Durmiéndose abrazada a un cuerpo que necesitaba amarla tanto como ella había sabido amar. Con los ojos brillantes en las noches oscuras.
Sabía que esos despertares parecían perfectos. Levantaba los talones sin que le pesaran, se acercaba a la hornalla y salía al patio a tomar un mate suave entre la frescura del sol y la tibieza del verde que la rodeaba. Luego lo veía acercarse, sentarse a su lado sin pedirle nada, disfrutando de la simpleza del momento que compartían. Intercambiaban sonrisas, algunas palabras que destilaban un ápice de ternura teñido de la complicidad de saberse entregados en la más sutil intimidad. Minutos más tarde el miedo volvía a hacerse presente entre palabras que sonaban como látigos que golpeaban su espalda en cada recuerdo perdido que volvía a su cabeza. Ella volvía a llamarse al silencio, a bajar su mirada y clavarla en el espacio vacío en que esperaba encontrarlo. Aquel otro hombre entendía la nada que comenzaba a inundar el aire. Esperaba paciente, intentaba cuidarla respetando aquella quietud casi perfecta producto de la necesidad de vivir en otro tiempo. De reparar historias mal conclusas. Los árboles, las calles, la tierra y el humo, todo gedía el aroma de otros besos, de otro cuerpo, que ahora sabría disfrutar de un ritmo y un calor distintos. Ella no volvía de su ausencia despierta, abriendo, sin saberlo, grietas de sal entre las manos que no volverían, por un tiempo, a estrecharla. Impregnando de hielo los pasos que empezaban a separarlos una vez más. Bondadosa, dulce y cruel, caminaba a su lado y lo despedía. Sabía que las mañanas de sol eran más hermosas cuando compartían esos segundos en que todo parecía posible. Pálida, con los ojos oscuros mirando el destino, encendía un cigarrillo que se fundía veloz entre sus dedos y sus labios. Apagada, repleta de una tétrica sensación de obsoletismo en su espíritu, elegía esconderse, una vez más, en el espacio recóndito en que su memoria plagada de él, le permitía seguir respirando tristezas, sin el riesgo que implicaba salir a vivir.

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adolescente

pasar de

“Una chica como yo, no se queda sin tu amor, no me da lo mismo cualquiera, para que todo quede claro, para que no te hagas problemas, ya te voy avisando que te pienso seguir por toda la tierra”

 

a

“Hoy voy a dar un paso atrás, para dejar que vivas tu realidad. Y quiero ser un cero al as, como si no existiera mi dignidad. Voy a callar, voy a negarte, voy a ocultarme en mi dolor… Si te hace bien, puedo intentar ser invisible un tiempo para ayudar” 

mi esquizofrenia musical, les mando un beso!

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rock en la ciudad

Fuimos él y yo. Y nuestro cuarto de hora. Y nuestros tantos cuartos de hora. Y nuestros cuartos y nuestras horas. Y todas las horas que no son nuestras.
Necesito volver al rock de la ciudad. De cualquier ciudad. Pero que sea rock, que sea el sol y que la noche llegue en el ritmo. Por suerte se viene el Fifba, que también es rock. Porque el rock es casi una cuestión de actitud, una forma de vivir, una sensación. Quiero rock.

Luz

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no te arrepientas

Odio la cara de culpa y vergüenza con que me mirás a la mañana. Amo que después cambie y vuelva a ser la anterior. No te arrepientas, avisame.

http://m.youtube.com/watch?desktop_uri=%2Fwatch%3Fv%3D6x9_K7g4Ptk%26feature%3Dyoutu.be&feature=youtu.be&v=6x9_K7g4Ptk&gl=CA

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lunes

A veces somos tan conscientes de que nos va a costar empezar que hacemos lo imposible por hacerlo rápido. Para que pase, para que termine la espera de una vez. Me escribe una amiga a la que nunca abracé, pero que tiene, en la distancia, mi corazón pegado al suyo:

que estoy como puedo
que apenas me sostengo
que caigo, cada vez mas seguido
no por no ver el camino con piedras.. sino porque me duelen las piernas..
hace mucho que no descanso..
y que te vi en fotos, sonriendo con vigor en la mirada
con dulzura
y eso vale oro..
no esperes a nadie..
nunca
no esperes..
acompaña
y dejate acompañar
hacele caso a esta especie de tia vieja que soy.
Le hago caso, siempre. Esta vez también.

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poné algún chiste, como para cortar

entonces pongo esto

luz

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